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El milagro del excusado: un invento que nos salvó (literalmente) de un problema muy grande

  • Foto del escritor: Dr. Julio Enrique López Ruigómez
    Dr. Julio Enrique López Ruigómez
  • 16 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

¿Alguna vez le has dado las gracias a tu excusado? Suena raro, lo sé. Pero imagina por un momento que no existiera. Imagina despertar en la madrugada con urgencia y no tener a dónde ir… más que al campo, detrás de un arbusto o al borde de un camino. No, no es una escena de supervivencia: así vive todavía mucha gente en el mundo.


Aunque parezca increíble, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 892 millones de personas aún defecan al aire libre. Sí, casi 900 millones que no pueden disfrutar del lujo de cerrar una puerta, poner el seguro y sentarse tranquilos en su trono de porcelana. En Haití, por ejemplo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que el 20% de la población aún lo hace. Y no, no es una cuestión de costumbre o rebeldía contra el sistema: es por falta de acceso a un baño seguro y digno.



El problema invisible de lo visible


Cuando las excretas humanas quedan expuestas al aire libre, no se “desaparecen” mágicamente (aunque quisiéramos). Los microorganismos que contienen viajan por el aire, el agua y el suelo, llegando finalmente a lo que comemos y bebemos. El resultado: brotes de diarreas, cólera, disentería, fiebre tifoidea, hepatitis A y otras enfermedades que cada año enferman —y lamentablemente matan— a miles de personas, especialmente niños.


La OMS calcula que el 80% de las aguas residuales del mundo regresan al ambiente sin ser tratadas, y al menos el 10% de la población mundial consume alimentos regados con esas aguas. Es decir, hay quienes literalmente “cosechan lo que otros desechan”.


Si tratáramos adecuadamente las aguas residuales, podríamos evitar 842 mil muertes cada año. Un dato impresionante si consideramos que todo se resume a algo tan simple como tener un baño y un sistema de drenaje funcional.



El excusado: un héroe silencioso (y discreto)


El excusado moderno, ese amigo fiel que nos espera cada mañana, tiene una historia más noble de lo que parece. El primer modelo con descarga de agua fue inventado por Sir John Harington en 1596. De hecho, instaló uno para la reina Isabel I, aunque —dicen— la monarca no lo usaba mucho porque hacía ruido. (Ni modo, el glamour real tenía límites).

Más tarde, en el siglo XIX, Thomas Crapper, un plomero británico, perfeccionó el sistema y lo popularizó. Sí, su apellido suena a broma (“crap” en inglés significa “excremento”), pero su legado es muy serio: ayudó a cambiar la salud pública mundial.


Desde entonces, el inodoro se convirtió en una maravilla tecnológica que nos ha librado de pestes, epidemias y olores indescriptibles. Sin exagerar: el baño es uno de los inventos que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad.



19 de noviembre: el Día Mundial del Retrete


Sí, existe, y no es broma. Desde 2013, la ONU celebra el 19 de noviembre como el Día Mundial del Retrete, y aunque suene gracioso, el objetivo es muy serio: recordar que miles de millones de personas aún no tienen acceso a un baño digno.


Piénsalo un segundo: poder cerrar una puerta, tener papel, agua limpia y privacidad es un lujo que muchos no conocen. No tener baño no solo afecta la salud, también la seguridad, la dignidad y el bienestar de las personas, especialmente de las mujeres y niñas.


Así que sí, el 19 de noviembre hay una razón legítima para festejar… aunque no con pastel, sino con un poco de conciencia (y quizá una revisión al tanque, por si gotea).

Un baño, una oportunidad


Hablar de baños puede parecer trivial o hasta gracioso, pero detrás hay una historia de ciencia, salud y justicia social. Cada sanitario instalado, cada sistema de drenaje construido, cada litro de agua tratada… significa menos enfermedades, menos contaminación y más dignidad.


Así que la próxima vez que tires de la cadena, dale su crédito al héroe silencioso de tu casa. Ese aparato discreto que te acompaña en los momentos más humanos del día y que, sin pedir aplausos, ha salvado millones de vidas.


Y si te quedaste con curiosidad, al final de este artículo dejaré un video de la ONU titulado ¿A dónde van las heces?. Está en inglés —no encontré versión en español—, pero vale la pena verlo. Porque detrás del humor, hay una gran verdad: tener un baño no es un lujo… es una necesidad que puede cambiar el destino de comunidades enteras.



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