Los Pies Pequeños de la Dinastía Tang: El Apretado Precio de la Belleza
- Dr. Julio Enrique López Ruigómez

- 6 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Cuando pensamos en estándares de belleza extraños, solemos recordar tendencias como el corsé apretado de la época victoriana o la moda de los dientes afilados en ciertas culturas. Pero si alguna vez hubo una práctica que llevó la idea de “sufrir por ser bella” al extremo, esa fue la de los pies vendados en la antigua China, específicamente durante la dinastía Tang. Si alguna vez te quejaste por usar zapatos incómodos, prepárate para conocer la historia de cómo las mujeres de la clase alta torturaban sus pies, todo por la moda.
El Origen de la Práctica: Belleza Pequeña, Dolor Grande
La costumbre de vendar los pies comenzó a ganar popularidad entre las mujeres de la clase alta durante la dinastía Tang (618-907 d.C.), aunque alcanzó su auge en las dinastías posteriores. La idea era simple: cuanto más pequeños fueran los pies de una mujer, más deseable era para el matrimonio. Claro, hoy en día se habla de “tener una talla pequeña” como un ideal de belleza, pero estas mujeres llevaron el concepto al pie de la letra.

A los cinco o seis años, cuando en el resto del mundo las niñas jugaban a las muñecas, las pequeñas de la élite china comenzaban a someterse a un ritual doloroso que definiría el resto de sus vidas. Sus madres, con la ayuda de paños largos y firmes, envolvían sus pies en una especie de burrito apretado, con el pulgar hacia adelante y el resto de los dedos metidos debajo del pie, forzando el arco en una curva tan pronunciada que haría palidecer a cualquier bailarín de ballet.
Consecuencias Dolorosas: Un Pequeño Paso hacia el Sufrimiento
Este proceso no era un evento único, sino una tortura diaria. Cada día, las vendas se apretaban un poco más para evitar que los pies crecieran. En algunos casos, los huesos de los dedos se rompían deliberadamente para facilitar el "proceso" (porque si algo iba mal, ¡siempre se podía culpar a la gravedad!). Con el tiempo, la circulación sanguínea en los dedos disminuía, lo que no solo causaba un dolor insoportable, sino que también podía llevar a la necrosis, es decir, la muerte del tejido. ¿Y el resultado? Gangrena, infecciones y la pérdida de uno o más dedos. ¡Imagina explicar en una cena que te falta un dedo porque, bueno, la moda así lo dictaba!
Pero, claro, todo valía la pena para lograr lo que llamaban "lotos dorados," unos pies de apenas 7-10 centímetros de largo. ¿Qué si no podías caminar más de unos pasos sin sentir un dolor intenso? No importa, ya que lo único que debías hacer como dama de la alta sociedad era sentarte, ser admirada y casarte con un hombre de alta posición. Eso sí, en caso de que se te cayera un dedo mientras caminabas por el palacio, al menos podías decir que habías dejado una pequeña "huella" en la historia.

Reflexión Actual: Entre Tacones y Zapatillas Deportivas
Hoy en día, los estándares de belleza siguen evolucionando, pero podemos agradecer que hemos dejado atrás estas prácticas medievales. Sin embargo, aún existen paralelismos interesantes en la moda moderna. Los tacones altos, por ejemplo, son el símbolo de la elegancia contemporánea, aunque muchas veces dejan a las mujeres con los pies adoloridos y en posiciones anatómicamente cuestionables con mayor riesgo de presentar diversas lesiones en dedos, tobillos, rodillas, cadera y hasta columna. No estamos diciendo que los tacones sean equivalentes a los pies vendados, pero si alguna vez te preguntaste por qué siempre estás buscando una silla en las fiestas, ahora sabes que el sufrimiento por la moda es un fenómeno más antiguo de lo que parece.
En un mundo donde preferimos las zapatillas deportivas cómodas (gracias a la pandemia por recordarnos lo maravilloso que es el calzado sin dolor), podemos reflexionar sobre cómo los estándares de belleza han cambiado, y cómo algunas cosas afortunadamente han quedado en el pasado. Así que la próxima vez que te quejes por esos zapatos nuevos que rozan un poco, recuerda que podría ser peor... podrías estar perdiendo un dedo.

En resumen, si bien la belleza a veces puede ser dolorosa, lo importante es que hoy tenemos la opción de decir: "No, gracias, prefiero caminar con todos mis dedos intactos." Y por supuesto, siempre podemos ser hermosos desde los pies hasta la cabeza, sin tener que sacrificar nada en el camino.





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