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Series médicas. Entre el drama y la realidad

  • Foto del escritor: Dr. Julio Enrique López Ruigómez
    Dr. Julio Enrique López Ruigómez
  • 18 nov
  • 4 Min. de lectura
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Las series médicas han sido un pilar del entretenimiento televisivo por décadas. Desde ER hasta Grey’s Anatomy y más recientemente The Good Doctor, estas series nos han cautivado con sus emocionantes cirugías, intrincadas tramas de hospital y, por supuesto, las relaciones entre médicos que parecen más complicadas que una operación a corazón abierto. Pero ¿cuánto de lo que vemos en estas series es real y cuánto es puro dramatismo de Hollywood? Vamos a separar la realidad de la ficción, todo con un toque de humor y un poco de bisturí (sin anestesia, porque aquí somos duros).


1. Las cirugías de último minuto


Ficción: En casi todas las series médicas, es común que el héroe (o heroína) cirujano salve el día con una cirugía de último minuto, realizada con maestría en cuestión de minutos, mientras los espectadores apenas pueden respirar. ¿Un trasplante de corazón de emergencia durante una tormenta? ¡Fácil! ¿Operar a tres pacientes simultáneamente mientras suena música clásica de fondo? ¡Eso es solo otro martes!


Realidad: Aunque la cirugía de urgencia si existe, la verdad es que requieren una planificación meticulosa, especialmente los procedimientos más complejos, equipos médicos completos, y mucho tiempo. No es raro que una cirugía importante tarde varias horas o incluso se posponga para asegurarse de que todo esté en orden. Y por supuesto, no se realizan maratones de cirugías como si los médicos estuvieran compitiendo en los Juegos Olímpicos.


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2. Resucitaciones milagrosas


Ficción: Uno de los momentos más dramáticos en las series médicas es cuando un paciente entra en paro cardíaco y el equipo médico lucha desesperadamente para reanimarlo. Después de un par de descargas con el desfibrilador y un grito de “¡No te mueras!”, el paciente milagrosamente vuelve a la vida, como si nada hubiera pasado.


Realidad: Aunque el desfibrilador es una herramienta crucial en situaciones de emergencia, su eficacia no es tan milagrosa como la televisión nos haría creer. En la vida real, la tasa de éxito de la reanimación cardíaca es más baja, y no todos los pacientes que reciben una descarga vuelven a la vida instantáneamente. Además, las compresiones torácicas que vemos en pantalla son generalmente menos brutales de lo que deberían ser; en la vida real, estas compresiones pueden ser tan intensas que incluso pueden romper costillas.


3. El romance en el hospital


Ficción: Si nos guiamos por las series médicas, parecería que los hospitales son los lugares más románticos del mundo. Entre las salas de emergencias y los quirófanos, los médicos y enfermeras siempre encuentran tiempo para coquetear, tener citas y hasta formar triángulos amorosos que rivalizan con las novelas más dramáticas.


Realidad: La verdad es que, si bien es cierto que las personas que trabajan juntas a menudo forman lazos cercanos y si existen frecuentemente relaciones entre el personal, los hospitales son lugares de trabajo extremadamente ocupados y estresantes. El romanticismos de hospital no es como se aparenta en la pantalla, entre el caos y obligaciones es más la excepción que la norma, y la mayoría de los profesionales de la salud están demasiado ocupados atendiendo pacientes, principalmente en hospitales públicos, como para preocuparse por con quién tendrán su próxima cita.


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4. Diagnósticos instantáneos y perfectos


Ficción: En la mayoría de las series, un paciente llega con síntomas inexplicables y, después de un breve análisis, el médico protagonista revela el diagnóstico correcto en cuestión de minutos, casi como si fuera un episodio de Dr. House. ¿Lupus? No. ¿Sarcoidosis? No. ¡Ah, claro, es un virus raro de una selva remota que solo se puede diagnosticar por un rasguño en la oreja izquierda!


Realidad: En la vida real, el diagnóstico de una enfermedad rara puede llevar semanas, meses o incluso años. Los médicos deben realizar múltiples pruebas, consultar con especialistas y, a veces, los síntomas pueden ser tan vagos que es necesario un proceso de descarte de otras enfermedades que puede ser largo, tedioso y en algunas ocasiones no se llega a tener resultados debido a los elevados costos y el paciente abandona su estudio. No siempre se llega a un diagnóstico claro, y muchos casos médicos reales son mucho más inciertos que lo que vemos en televisión.


5. Los doctores omnipotentes


Ficción: En las series médicas, los doctores lo hacen todo: diagnostican, operan de todo, cuidan de los pacientes, y hasta reparan la máquina de café cuando se descompone. No hay tarea demasiado grande o pequeña para ellos.


Realidad: En un hospital real, los médicos forman parte de un equipo grande y multifuncional. Los cirujanos solo operan aquella área de su especialidad. Algunas series muestran al cirujano general reparando fracturas o al ortopedista operando cerebros, en la vida real eso no es ni siquiera legal. Las enfermeras, los técnicos de laboratorio, los radiólogos, y muchos otros profesionales juegan roles esenciales en el cuidado del paciente. La medicina es un esfuerzo de equipo, y no todo recae en los hombros del "héroe cirujano".


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6. El drama constante


Ficción: Si hay algo que nunca falta en las series médicas, es el drama. Explosiones emocionales, rivalidades, traiciones y dilemas éticos surgen a cada momento, haciendo que un día en el hospital parezca una temporada completa de Game of Thrones.


Realidad: Aunque los hospitales ciertamente pueden ser lugares donde se experimentan emociones intensas, la mayoría de los días son rutinarios y metódicos. Los profesionales de la salud se enfrentan a desafíos reales y difíciles, pero el drama de alto voltaje que vemos en televisión es más la excepción que la regla.


Conclusión: No todo lo que brilla es bisturí


Las series médicas en streaming son excelentes para entretenernos y hacernos sentir un poco más inteligentes sobre temas de salud, pero es importante recordar que muchas de las situaciones que presentan están dramatizadas para mantenernos al borde del asiento. La próxima vez que veas a un médico en pantalla diagnosticando una enfermedad rara en cinco minutos mientras se prepara para su cita con la enfermera, recuerda: aunque la televisión es buena para el drama, la medicina real es un poquito más complicada... y un poquito menos glamorosa.


Así que relájate, disfruta del espectáculo, pero deja que los verdaderos médicos manejen los bisturís y los desfibriladores. ¡Y por favor, no intentes diagnosticarte usando solo lo que aprendiste viendo Grey’s Anatomy!

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