Diabetes: ayudando a entender la enfermedad en un café
- Dr. Julio Enrique López Ruigómez

- 28 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 29 dic 2025

Entro a una cafetería pequeña, de esas que siempre huelen a pan recién hecho y café fuerte, justo frente a un hospital público. Es parte de mi rutina: salir un momento, despejar la cabeza, ver pasar la vida. Para mí es un día normal. Para muchos otros, no.
Mientras espero mi café, noto a una mujer sentada sola. Tendrá unos 50 años. Mira fijo a la nada, con esa expresión que los médicos aprendemos a reconocer: cara de “se me acaba de mover el piso”. No llora, pero tampoco está tranquila. Trae en la mano unos estudios doblados.
—Buenos días —le digo por educación—. ¿Todo bien?
Me mira, duda un segundo y responde:—Pues… más o menos. Acabo de salir del hospital. Me dijeron que tengo diabetes.

Silencio breve. El café llega. Le pregunto si puedo acompañarla y responde con un discreto encogimiento de hombros. Me siento frente a ella. No como médico con bata, sino como persona con taza en mano.
—¿Le preocupa mucho?—Muchísimo, doctor… siento que ya valí. Mi papá se quedó ciego por eso.
Ahí empieza la plática. La misma que he tenido cientos de veces, pero que para ella es la primera.
“A ver, explíqueme eso como para personas normales”
Le sonrío.—Perfecto, así debe explicarse. Mire, imagine que su cuerpo es una ciudad y la glucosa —el azúcar— es la gasolina que da energía. Para que esa gasolina entre a las casas (las células), se necesita una llave: la insulina.
La diabetes tipo 2 ocurre cuando esa llave empieza a fallar. No desaparece, pero se atora. La gasolina se queda circulando en la calle, en la sangre, y no entra bien a donde se necesita.
—¿Y eso lo hice yo?—
Respondí: No sola. Aquí se juntan varias cosas: genética, sobrepeso, poca actividad física, estrés… Es una enfermedad que se cocina a fuego lento, no aparece de un día para otro.
Entonces ella asintió. Se relaja un poco.
La diabetes en México: el elefante en la habitación
Le cuento algo que siempre sorprende.

—Cuando yo empecé medicina, a principios de los 2000, alrededor del 11% de la población tenía diabetes. Hoy estamos cerca del 18.5%.
Abre los ojos.—¿Tanta gente?
—Mucha. Mire: en México hay aproximadamente 90 millones de adultos mayores de 20 años. Si el 18.5% vive con diabetes, estamos hablando de más de 16 millones de personas. Y lo más preocupante: una de cada tres no sabe que la tiene. Es decir, más de 5 millones de personas andan por ahí caminando, trabajando, cuidando nietos… sin saber que su azúcar está fuera de control.
—¿Y eso es peligroso?—Lo es, porque lo que no se detecta no se cuida, y lo que no se cuida se complica.
“¿Cómo me hubiera dado cuenta?”
Le explico los síntomas clásicos, esos nombres raros que usamos los médicos:
Polidipsia: mucha sed
Polifagia: más hambre de lo habitual
Poliuria: ir muchas veces al baño a orinar
—El problema —le digo— es que muchas veces no da síntomas al inicio, por eso insistimos tanto en revisarse al menos una vez al año.
También le explico quiénes tienen más riesgo:
Personas con obesidad
Quienes tienen mamá, papá o hermanos con diabetes
Personas con acantosis nigricans, esas manchas oscuras y aterciopeladas en cuello, axilas, debajo del busto o en la ingle
—Eso del cuello oscuro… sí lo tengo —me dice bajito.—Su cuerpo llevaba rato avisando.

El diagnóstico no es complicado (ni tortura medieval)
—Para saber cómo estamos solo necesitamos estudios sencillos:
Glucosa en sangre
Hemoglobina glicosilada (HbA1c), es una marcador chismoso que nos dice cómo ha estado su azúcar en los últimos tres meses.
Le explico los rangos de forma clara, como dicta la Asociación Americana de Diabetes:
Glucosa en ayuno
Normal: < 100 mg/dL
Prediabetes: 100–125 mg/dL
Diabetes: ≥ 126 mg/dL
Hemoglobina glicosilada (HbA1c)
Normal: < 5.7%
Prediabetes: 5.8–6.4%
Diabetes: ≥ 6.5%
—No es sentencia, es información —le digo—. Y la información da poder.
“Me dijeron que también tengo prediabetes… ¿eso ya es diabetes?”
Aquí bajo el tono y subo la calma.
—No. La prediabetes es como cuando ves humo antes del incendio. Aún estás a tiempo.
Antes de que aparezca la diabetes tipo 2, casi siempre existe esta etapa intermedia que también llamamos alteración de la glucosa en ayuno. No es gripa, no aparece de golpe. Tarda tiempo en formarse.
—¿Y se puede evitar?—Sí. Y aquí viene la parte esperanzadora.
Los estudios muestran que puedes reducir el riesgo de diabetes tipo 2 hasta en un 58% si:
Pierdes alrededor del 7% de tu peso corporal(si pesas 100 kg, con bajar 7 kg ya ayudas muchísimo)
Haces ejercicio moderado, como caminar a paso ligero,30 minutos al día, cinco días a la semana
—¿Tengo que quedar como modelo?—Para nada —le digo riendo—. Bajar 5 a 7 kilos ya cambia la historia.
“Entonces… ¿ya no puedo comer nada rico?”
Se ríe nerviosa. Respiro.
—No es castigo, es estrategia. La diabetes se controla con tres pilares:
Medicamentos, cuando se necesitan
Alimentación adecuada (sin ella, no hay milagros)
Actividad física regular
—¿Y puedo vivir normal?—Claro que sí. No es el fin del mundo. Es el inicio de una etapa donde te conoces mejor.
Le explico que el objetivo es evitar complicaciones: problemas en ojos, riñones, nervios, corazón. Todo eso no es inevitable, depende del control.
El café se enfría, la esperanza no
Terminamos el café. Su cara ya no es la misma. Guarda los estudios con más cuidado.
—Gracias, doctor. Pensé que mi vida se había acabado.—No —le digo—. Apenas empieza una versión más consciente de usted misma.
Se levanta, me sonríe y se va. Yo me quedo pensando cuántas conversaciones como esta faltan en México.
Si algo quiero que te lleves de esta historia es esto: la diabetes se puede prevenir, detectar y controlar. Con disciplina, acompañamiento médico y un poco de cariño hacia uno mismo, se puede vivir bien, muchos años y sin complicaciones.
Y a veces, todo empieza con un café y una buena plática. ☕





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