Hipertensión arterial: el asesino silencioso que todos deberíamos conocer
- Dr. Julio Enrique López Ruigómez

- 4 nov
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 11 nov

Imagina que tu cuerpo es una gran casa, y tus vasos sanguíneos son las tuberías por donde circula el agua. Ahora, el agua es la sangre, y la presión con la que esta se mueve es... tu presión arterial. Simple, ¿verdad?
En condiciones normales, esa presión es la justa para que el agua (la sangre) llegue a todos los pisos de la casa (tus órganos), incluso hasta el tinaco del techo (tu cerebro). Pero ahora imagina que un día decides colocar una bomba hidráulica para que el agua suba más rápido. ¡Qué buena idea! —piensas—, hasta que decides dejarla encendida durante años.
¿El resultado? Tarde o temprano, esa tubería terminará reventando o con fugas. Lo mismo ocurre en nuestro cuerpo: la hipertensión arterial es esa bomba que trabaja sin descanso y, con el tiempo, puede dañar tus vasos sanguíneos, tus órganos y tu salud en general.
¿Qué es exactamente la presión arterial?
Es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias cada vez que el corazón late y bombea sangre. Todos necesitamos cierta presión para que el flujo llegue a todo el cuerpo, pero cuando esa presión se mantiene demasiado alta durante mucho tiempo, hablamos de hipertensión arterial.

Dos tipos, dos historias distintas
Hipertensión primaria o esencialEs la más común (alrededor del 90-95% de los casos) y, aunque no tiene cura, se controla muy bien con cambios en el estilo de vida y medicamentos. No aparece por otra enfermedad: simplemente, el cuerpo empieza a manejar la presión con valores más altos de lo normal.
Hipertensión secundariaEs menos frecuente, y aquí sí hay un “culpable” identificado. Puede deberse a enfermedades como problemas renales, hipertiroidismo, tumores productores de hormonas o alteraciones vasculares. Lo bueno es que, si se trata la causa principal, la hipertensión puede desaparecer.
¿Qué pasa dentro del cuerpo cuando la presión sube?
Cuando la sangre circula con demasiada fuerza, las arterias sufren. Pueden romperse (como una tubería vieja con fugas), provocando hemorragias internas; o taparse con grasa, coágulos o desechos celulares, bloqueando el paso de la sangre.
Y cuando la sangre no llega a donde debe, el oxígeno tampoco. Esto puede causar infartos, derrames cerebrales y daños irreversibles en órganos vitales como el corazón, el cerebro y los riñones.
Por eso, las enfermedades cardiovasculares son hoy la principal causa de muerte y discapacidad en México y en el mundo.

¿Por qué le dicen “el asesino silencioso”?
Porque la mayoría de las veces no da síntomas hasta que ya provocó daño. Muchas personas viven años con hipertensión sin saberlo, hasta que un día el cuerpo “pasa la factura”.
Sin embargo, hay ocasiones en que sí da señales:
Dolor de cabeza persistente
Mareo o sensación de inestabilidad
Zumbido de oídos
Taquicardia
Dolor en el pecho o falta de aire
Sangrados nasales o pequeñas manchas rojas en los ojos
Si estos síntomas te suenan familiares, ¡no esperes a que el “asesino silencioso” toque la puerta!
Un chequeo puede salvarte (y es más barato que una ambulancia)
La mejor forma de detectar la hipertensión es tan sencilla como usar un baumanómetro.Una presión menor a 120/80 mmHg es ideal.Cifras mayores o repetidas deben ser evaluadas por un médico.
Para hacerlo bien:
Tómate la presión tres veces en una semana, preferiblemente a la misma hora.
Descansa 10 minutos antes de la medición.
Anota las cifras con fecha y hora.
Lleva esos datos a tu médico para que los interprete correctamente.
¿Y si ya tengo hipertensión?
No te preocupes. No es una sentencia de muerte, sino una invitación a cuidarte mejor. Con tratamiento, la gran mayoría de las personas lleva una vida completamente normal.
Tu médico te recomendará:
Controlar tu peso
Reducir la sal en tu dieta
Hacer ejercicio regularmente
Evitar el tabaco y el exceso de alcohol
Y, si es necesario, tomar medicamentos que bajan la presión y protegen el corazón, el cerebro y los riñones.

¿Quiénes deben estar más atentos?
Personas con padres o abuelos hipertensos
Quienes tienen sobrepeso u obesidad
Personas sedentarias
Aquellos con diabetes o colesterol alto
Si estás en uno de estos grupos, revisarte una vez al año es más que recomendable: es una inversión en tu futuro.
En resumen
La prevención es barata, pero las complicaciones son caras, dolorosas y muchas veces irreversibles.Así que, antes de que tu “tubería” empiece a tener fugas, mejor revisa tu presión.Porque en esta historia, más vale un chequeo a tiempo que una bomba encendida sin control.





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